MATEOREN AMA

Soledades

1Reencuentro

Ángel hace tiempo que no ve a su madre, por lo que le produce pavor verla y que no le reconozca. Un día decide ir a visitarla a la residencia donde está ingresada y ella, que padece Alzhéimer, no le reconoce.

Mateoren Ama (2019), dirigido por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, está basado en un relato de Iban Zaldua y lo produce Moriarti. Se rodó en muy pocos días, mientras preparaban su nuevo largometraje La trinchera infinita (2019), y contiene los elementos que diferencian una trayectoria marcada por la calidad y por su implicación en el formato corto. No en vano, los directores han firmado algunas de las piezas más destacadas de la historia de este género autónomo, como Sintonía (2005) de Goenaga y Lucio (2007) de Arregi.

Después de la buena aceptación y de los galardones que recibieron Loreak (2014) y Handia (2017), ahora regresan a

2.jpgJuego de identidades.

este universo para afrontar un texto pleno de fantasía y también de misterio, temas ya tratados en las películas citadas.

La puesta en escena está muy cuidada, sobresaliendo la fotografía de Javi Agirre, muy sobria, que acentúa la belleza de las imágenes de un relato que contiene varios giros narrativos que acrecientan la inventiva de una pieza que habla, sobre todo, de soledades y que muestra momentos en los que la identidad es incierta e indescifrable.

La profesionalidad y calidad interpretativa de Íñigo Aranburu, Mariasu Pagoagaga, Itziar Aizpuru y Aitziber Garmendia facilitan la credibilidad de una historia que crece en intensidad y que se apoya en la maestría musical de Pascal Gaigne.

Mateoren Ama es un inquietante y evocador trabajo en el que los cineastas interpelan al espectador para que cierre esta aventura fantástica.

MADRID- ESTOCOLMO

1.jpgBuscando la luz de su destino.

Reencuentro

Madrid-Estocolmo (2019) de Antonio Ledesma y Carmen Kaltchev forma parte del catálogo “FilmNow” que la ECAM dedica a los mejores trabajos de las escuelas de cine y universidades. Igualmente, ha sido seleccionado para el catálogo “Curts 2019” de la Comunidad Valenciana.

Desde luego, un comienzo prometedor para la historia del reencuentro entre dos amigas que mantuvieron una relación y que ahora el azar permite comprobar si queda algún rescoldo de aquel fuego emocional.

Sus miradas se cruzan en una fiesta nocturna y acto seguido ambas gritan desaforadamente sobre un puente, buscando quizá un ejercicio de catarsis que muestre la realidad de su relación.

De Antonio Ledesma conocía la inquietante La hora del té (2015). Ahora, junto a Carmen Kaltchev deja una pieza ciertamente brillante y con una potencia visual que hay que agradecer a Iván Pinilla.

Es también la aventura sensitiva de una mujer que insiste en un sueño tal vez irrealizable. Ella, una magistral Carla Chaves, se aferra a la relación que un día perdió, como deja claro en la escena de la moto.

Como he señalado, la cinta define un imaginario visual muy hermoso: las dos sentadas mirando el cielo inmenso de la noche iluminado por la luna llena, que asiste como invitada a este momento cumbre.

Con todo, Ledesma y Kaltchev realizan un trabajo vibrante y cautivador, que habla de realidades que se adueñan de los sueños y que también se adentra en las oportunidades que el ser humano dejar escapar.

De la misma manera, reflexionan sobre la libertad para asumir la propia sexualidad y de la valentía necesaria para obviar las normas preestablecidas y comúnmente aceptadas por la sociedad.

Madrid-Estocolmo es, sin ninguna duda, un trabajo que dará que hablar y para bien: lo merece.

DONDE NOS LLEVE EL VIENTO

1.pngDoussou Mariam.

Búsqueda

La productora MakingDoc mantiene desde hace años una trayectoria que privilegia el documental de carácter social. Juan Antonio Moreno Amador y Silvia Venegas, sus fundadores, alternan labores de dirección y producción, aunque en Boxing for freedom (2013) codirigen el documental.

Mi tocayo Juan Antonio realiza Palabras de caramelo (2016), pieza fundamental que muestra una historia de superación personal y que ha cosechado numerosos reconocimientos, y Silvia Venegas hace lo propio en Nuestra vida como niños refugiados en Europa (2018).

Ahora, Moreno Amador presenta Donde nos lleve el viento (2019), que narra la historia de Doussou Mariam, una mujer de Costa de Marfil que llega a Europa en la primera patera íntegramente ocupada por mujeres.

En la oscuridad de la noche, donde el perfil negro de su cara se pierde en el horizonte, la protagonista cuenta voz en off a su hijo non nato la historia de su vida: “todo va a ir bien, todavía no hemos llegado a nuestro destino”, le susurra desde Melilla, su primera parada.

Esta superviviente guarda en su vientre el Tesoro -así se llamará su hijo- de su existencia. Ese vientre materno que da la vida y que inmortalizó el gran Miguel Hernández:

“Menos tu vientre, todo es confuso.

Menos tu vientre, todo es futuro fugaz,

Pasado baldío, turbio.

Menos tu vientre, todo es oculto”.

Donde nos lleve el viento es una obra muy personal de Moreno, es un relato íntimo de una luchadora que defiende su dignidad y que busca un lugar que cambie el signo de su vida. Es Navidad y el cineasta exhibe imágenes de los Reyes Magos en color a las que opone otras, en blanco y negro, en las que observamos la lucha de los inmigrantes en las alambradas, intentando escapar del asedio policial.

El tratamiento fotográfico de Moreno Amador deja instantes emotivos y cercanos, como ocurre durante el nacimiento del bebé, cuando Mariam, adusta e imperturbable, le mira reconfortada.

El documental mantiene un halo poético a pesar de la oscuridad que retrata, esa noche que esconde el infierno de unas aventureras que se aferran a la supervivencia.

Estéticamente brillante, acoge un universo de silencios donde el montaje del propio director y de su habitual colaborador Nacho Ruiz Capillas propone momentos evocadores.

En suma, Donde nos lleve el viento es un paso adelante en la carrera de Juan Antonio Moreno Amador, que fija el retrato de una mujer independiente pero vapuleada, que llega al mundo soñado (Europa) desde otro empobrecido. Es el final de una historia y el comienzo de otra, tramo que separa la vida de la muerte.

La vida de otra

1.jpgAlba Frechilla.

Cerraduras (2019) de Pedro del Río es la adaptación del relato escrito por Miguel Ángel Frechilla, padre de la protagonista de esta pieza Alba Frechilla, quien da vida a una mujer sin medios para subsistir que encuentra por azar unas llaves perdidas.

Desde ese instante, inicia un peregrinaje para localizar la puerta a la que pertenece este objeto, una búsqueda que tal vez permita la entrada a una vida diferente. No conocemos nada de ella, solamente que es muy tenaz y que posee una gran capacidad de observación.

Pedro del Río debuta con Jueves (2014), protagonizado también por Alba Frechilla, y funda junto a Jaime Alonso de Linaje la productora “Plan Secreto”, con la que realiza Sobre todo amargo (2015), Mudanza (2017) y la pieza que nos ocupa.

El director registra de forma notable el perfil de una mujer solitaria que cuando consigue por fin conectar las llaves hacia esa puerta liberadora, vive la misma vida que la antigua inquilina. Siente como otra persona, casi se mimetiza con la dueña de ese espacio que ahora hace suyo. La secuencia del espejo simboliza a la perfección esa mixtura entre realidad, ficción e identidad.

2.jpgJuego de identidades.

La obra contiene una atmósfera muy especial en la que se siente la relevante labor fotográfica de Víctor Hugo Martín.

Así, del Río firma una interesantísima pieza que discurre entre el infierno de la escasez y la nada hasta el cielo de la estabilidad.

Por otro lado, Alba Frechilla compone brillantemente una mujer atribulada y esquiva que se reencuentra con un pasado remoto que la hace dudar de sí misma.

En resumen, Cerraduras nos habla con un tono íntimo y un punto poético de una de tantas personas que viven sus vidas a través de la de otras.

Carabanchel de cine

carabanchel.jpg                                      Cartel del festival de la edición de 2019.

Juan Expósito es el artífice del éxito arrollador -sala llena todos los días- de este festival de cortometrajes que ha celebrado su 5ª edición en la Sala Tarambana y que se integra a la perfección en un barrio habitado por gentes del cine.

Expósito es actor de teatro, su pasión y sobre el que gira su universo creativo, también es docente. Pero como artista multidisciplinar dedica tiempo igualmente al cine.

Juan es el exquisito presentador de la Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid y responsable de este

Festival de cortos de Carabanchel, que alterna con el Festival de Teatro y todo en una sala, Tarambana, espacio acogedor

tarambana.jpg

Sala Tarambana.

donde los haya, escenario sobre el que pivotan estos eventos culturales.

Apasionado de su profesión, ha organizado una selección de cortos marcada por la calidad de las películas exhibidas. He tenido el honor de formar parte del jurado junto a Beatriz Martínez y José Luis Palacios, gestores culturales y responsables del impulso cinematográfico de la sala Artistic Metropol, también junto a Carlota Coronado icono de este género autónomo, Giovanni Maccelli, responsable junto a Carlota de Zampanó Producciones, el director Jorge Muriel y finalmente, Juan Expósito.

juanJuan Expósito.

Me gustaría destacar brevemente algunas de las piezas que se han podido ver. El primer día (2019), de David Barco, que aborda el compromiso de la familia ante la enfermedad de uno de sus integrantes y en la que destaca la breve pero notable intervención de Flora López. También El cumple (2019) de Pablo Alen y Benito Corral, desternillante comedia, apoyada en la brillante interpretación de Cecilia Freire y Vito Sanz.

También quiero destacar a Happy Friday (2019) de José Antonio Campos, que cuenta con una notable labor de Rosario Pardo; Intrusismo (2019), documental surrealista y muy dinámico de Pablo Díaz; Places (2019) de Claudia Barral, que habla de lugares, espacios comunes y de hogares que albergan recuerdos y olvidos que trazan la memoria de trayectos de vida y Réquiem (2019), de Juanma Juárez, con el sempiterno y doloroso trasfondo de la crisis económica.

Propuestas variadas con temáticas muy pegadas a la realidad social como Yayoflautas (2018) de Jesús Martínez, divertida representación con una coreografía sobre la triste situación económica; Incógnito (2019) de Juan Bermúdez, sobre la violencia de género; El sol de Ipanema (2019) de Victor V. Villavicencio, que aborda la aceptación de la propia sexualidad y Yo confieso (2018) de Saúl Gallego.

Piezas sobre relaciones personales como Un cuento al revés (2019) de Inés Pintor y Pablo Santidrián, con una excelente actuación de Nadia de Santiago; Viudas (2019) de María Guerra, notable comedia negra; Alan (2018) de Ursula Romero y Café nunca es café (2018) de Edu Ovejero, deliciosa comedia romántica con el añorado Rikar Gil y Cristina Soria.

Se han visto grandes interpretaciones, como la de Adriana Ozores en Fin (2019) de Álvaro G. Company, deslumbrante pieza que habla de la ausencia paterna y de la liberación personal de madre e hija, a la que da vida una notable Andrea Trepat.

Igualmente, Rosario Pardo, Maggie Civantos y Verónica Forqué han iluminado con su buen hacer unas obras que sellan el futuro de un festival que merece la pena y que ha dejado el corto Carabanchel en la piel (2019) de Sergio Muñoz y José Ángel Lorente como estilete del cine que se hace en un barrio que respira pasión por el séptimo arte.

¡A por la sexta edición!

¿POR QUÉ?

 

 

 

1Pablo Romero.

 

VALENTÍA

Un primer plano sobre una mujer (Victoria Suárez) en una bañera introduce esta intensa pieza. La secuencia, me recuerda a otra de El orden de las cosas (2010) de los hermanos Esteban Alenda, en la que también se aborda el maltrato de género.

¿Por qué? (2018) de Pablo Romero es un trabajo muy cuidado en el que la composición de los diferentes planos refuerza la carga simbólica que este director imprime a cada secuencia. Por ejemplo, el plano detalle sobre los genitales del hombre anticipa el dominio masculino.

El relato se centra en una pareja y en cómo afronta cada uno de ellos la pérdida de su hija. La madre vive una triste realidad sumida en los recuerdos por la ausencia definitiva: “me gustaría saber qué es lo que llevó a nuestra hija a alejarse de nuestras vidas para siempre, tenía 16 años” y el padre, interpretado por el propio Pablo Romero, está ajeno a los sentimientos de su pareja. Otro plano, ligeramente contrapicado, reincide en la posición de poder del hombre.

El director va dejando retazos que nos confirman lo que intuíamos y los malos tratos se adueñan de una relación que ya no es tal. Pablo, diplomado en interpretación, compone con eficacia el perfil del maltratador. Así, apreciamos cómo al dolor emocional que acumula la azarosa vida de esta madre se suma el físico que la inflige un ser al que ya desconoce.

¿Por qué? es una cinta escalofriante, que crece en intensidad y que fija un mensaje positivo: la toma de conciencia de una mujer vapuleada. Por tanto, este cortometraje es cine social, reivindicativo y cuenta con la mirada propia y talentosa de un cineasta que sabe cómo narrar y cómo llegar al espectador.

 

 

INVIERNO EN EUROPA

1La fotografía de José Martín Rosete, excepcional.

REFUGIADOS

El cine cumple en ocasiones y con algunas obras una parte esencial de su función social: transmitir al público realidades en las que se producen hechos de una injusticia flagrante, para crear en él conciencia de esa situación.

Polo Menárguez, director de Invierno en Europa (2018), viaja a Belgrado (Serbia) y lo que se encuentra es una historia de terror, pero no como la de su corto Si tuvieran ojos (2014), aquí nada es ficción, todo es real y horripilante.

El cineasta filma a un grupo de migrantes sirios, afganos y paquistaníes que malviven enclaustrados, como si estuviesen en un campo de concentración. Solamente les resta una ilusión: atravesar la frontera húngara.

Los más privilegiados -curioso término en este contexto miserable- están en campos de refugiados, mientras que otros más desgraciados se ocultan en fábricas y bosques. Viven bajo la amenaza de la intervención policial. La paradoja es que se hallan en un espacio geográfico del primer mundo, en la opulenta Europa, que les considera unos apestados.

2Miradas de dolor.

Menárguez rueda algunas escenas en las vías del tren, con las que simboliza la doble senda que recorren unos seres humanos que huyen despavoridos del horror y que mantienen aún la esperanza, es lo único que verdaderamente poseen. Contrapone imágenes de la suntuosa urbe que vive ajena a todo con otras que registran las execrables consecuencias de la falta de humanidad de los más favorecidos.

La música, con presencia de elementos de cuerda que rasgan hasta el dolor, subraya con aspereza este documental excelentemente fotografiado -como es habitual en él- por José Martín Rosete, que compone una estética muy cuidada que otorga verdad a esta historia extrema. Rosete navega entre la niebla, esa que oculta la vergüenza de lo que se narra, retratando con fidelidad el hedor, el frío y los rostros deteriorados por el hambre.

Tanta belleza, no obstante, puede restar un poco de fuerza a la mirada de este documental, sobre todo para los que, obnubilados por la hermosa composición lumínica, se distraigan de la denuncia principal, aunque ello no resta un ápice al mérito de este mago de la luz.

Polo Menárguez incrusta su cámara en la ponzoña de la oscuridad de unas personas a las que escucha con atención. Clava su retina acusadora contra la insolidaridad, logrando que la imagen y la palabra cobren sentido social y artístico en un trabajo muy interesante.