JAUME QUILES

 

TRAVESÍA EXPERIMENTAL

jaumeJaume Quiles.

El ilicitano Jaume Quiles atesora una trayectoria por momentos multidisciplinar en la que conviven sus cortos, experimentales en su mayoría, con el trabajo como ayudante de dirección en varios largometrajes y también con su labor de organizador de un festival ciertamente interesante y especial, “Rural Film Fest”.

Su filmografía se caracteriza por un relato casi minimalista y austero, con ausencia de diálogos y con un escaso desarrollo de los planos. Aun así, en Bolsitas (2009) construye una inquietante historia en la que adopta una narrativa más convencional.

En dicha pieza destaca un reparto coral encabezado por María Alfonsa Rosso, Juanma Cifuentes, Cristina Alcázar y el siempre brillante Javier Gutiérrez

2Bolsitas (2009).

Con esos mimbres interpretativos, de los que Jaume extrae los mejores matices, y con la fotografía en sepia de Alberto Gutiérrez consigue una interesantísima propuesta, que habla de un secreto guardado en una bolsa: una pócima mágica para el té. Así, el cineasta firma un notable trabajo que cuenta con el subrayado musical de una banda sonora excelente de Roberto Pérez Marcos, todo un descubrimiento.

Unos años después presenta Piva (2015), seleccionada por el catálogo valenciano “Curts”, que tiene un amplio recorrido, siendo escogido en el Festival de Cine de Alcalá de Henares (Alcine), entre otros.

Ese año es el inicio de una etapa que dura un lustro en la que define una narrativa y estética muy clara, donde destaca la relación hombre/naturaleza. El silencio toma presencia en la inmensidad del paisaje, casi un páramo en ocasiones, y sirve de metáfora sobre la incomunicación del ser humano. Jaume crea un meta-texto visual que simboliza al hombre y a sus orígenes.

pivaPiva (2015).

Su cine es introspectivo, con un tempo pausado -huella de Víctor Erice– que en cierta manera representa la monotonía existencial. La pieza muestra bellos momentos que son un homenaje a la cultura (planos sobre un lápiz, un libro, un bolígrafo, una hoja), aristas esenciales de la creatividad.

Estéticamente cuidada, destacan los planos sobre los maizales captados con maestría por su colaborador habitual Alberto Gutiérrez.

Otro elemento común en este período se produce al comienzo de cada cortometraje y es la llegada de un coche blanco al campo, como ingrediente perturbador y tal vez invasor del orden y de la calma que impera en la campiña.

En Paradis (2016), además de la habitual intromisión del vehículo, aparecen las nuevas tecnologías (un móvil) en el sepulcral silencio de la naturaleza, solamente alterado por el canturreo de algún pájaro. El entorno silente vertebra una pieza que se asoma a las nuevas formas de comunicación.

pesticidasPesticidas (2018).

Chiripajas (2017) es una obra de animación codirigida con Olga Polietkova, en la que utilizan la técnica de stop motion sobre arena y que narra las aventuras de una tortuga en busca de su hogar.

Los creadores integran al personaje con unas texturas que transmiten la idea de su propuesta, la denuncia de la falta de civismo y, sobre todo, como consecuencia de ello, la suciedad de las playas.

El medioambiente aflora nuevamente en la temática que más preocupa al alicantino, quien en Pesticidas (2018) observa al hombre empleando el elemento químico. El director alterna planos sobre el medio rural y el urbano que muestran el contraste entre la belleza del entorno natural protegido y el abandono del páramo.

Este trabajo, que defiende de nuevo la imperiosa necesidad de preservar nuestro ecosistema, forma parte también del catálogo “Curts”.

organicoOrgánico (2019).

Su última propuesta es Orgánico (2019) y, en este caso, el primer plano es el de una excavadora que atemoriza a una mujer que cuida del tronco de un vetusto árbol. La obra deja apuntes interesantes sobre la inmigración, la cultura del trueque en el campo y asoma también la estructura del metacine (filmando dentro del cine).

En suma, una etapa de máxima creatividad donde Jaume Quiles deja su impronta y la forma en la que entiende el cine. Un cine de mirada límpida, sin aspavientos, íntimo y poético, en el que experimenta continuamente y con el que a través de los silencios crea una elipsis que debe completar el espectador más avezado: todo un reto.

EL CUADRO

cuadro.jpgEusebio Poncela.

Arte e intriga

El inicio de El cuadro (2019), primer largometraje de Andrés Sanz ya apunta la magia e intriga de lo que vamos a disfrutar. Un cine, que es un teatro y la presencia inquietante de Eusebio Poncela nos invitan a viajar a través del misterio que genera un cuadro soberbio, Las meninas pintado en 1656 por Velázquez y sometido a lo largo de la historia del arte a múltiples interpretaciones.

Sanz es Licenciado en Bellas Artes y ha completado su formación en Estados Unidos. De hecho, en 2002 funda la productora La Piscina Films en Nueva York. Anteriormente había rodado sus primeros cortometrajes, El instante McEwan (1994), Postales para Álex (1994) y Emily Greensboro (1995).

Posteriormente, llegan dos piezas fundamentales en su filmografía, Bedford (2004), que es incluido en la exposición “La sombra” que organiza el Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid y Flat Love (2009).

2.jpgRepresentación.

Su vinculación con el arte prosigue con la videoinstalación “Jardín infinito”, realizada para el Museo del Prado con motivo de la exposición llevada a cabo en el V centenario de El Bosco (2016). Ahora, continúa trayecto artístico con este brillante ejercicio audiovisual que indaga en la historia y representación de una obra emblemática que ha marcado su propia vida.

Un sueño del que participan eruditos en la obra de Velázquez como Jonathan Brown, para quien “si el cuadro es del gusto de todos, deja de ser un cuadro y se convierte en un documento histórico” o el añorado Francisco Calvo Serraller, a quien Andrés dedica la película y que apunta: “empiezas a ver misterio en un cuadro que es una escenificación de la realidad, donde todo es fingido”.

El relato, que cuenta con una producción impecable de Antonio Gómez-Olea (Mare Films) se ve enriquecido con diversas secuencias en stop motion y, sobre todo, con un montaje -soberbio- del propio director, que enriquece y dinamiza el tempo narrativo del documental, manteniendo su ritmo hasta el final. Así, enlaza los comentarios en ocasiones abiertamente opuestos, de voces tan autorizadas y que desgranan tanta sabiduría sobre el objeto del filme como Matías Díaz Padrón; Keith Christiansen; Michael Gallagher; Fernando Marías; Félix de Azúa; Javier Portus y Manuela Mena, entre otros y que, además, cuenta con la participación de otro pintor, Antonio López, apasionado del cuadro, quien afirma entusiasmado “no se acaba el placer de mirar”. Se complementa con la visión del director, obsesionado con un cuadro que forma parte de su infancia y con el rescate de películas que hablan sobre el maestro.

sombra.jpgLa sombra.

Estéticamente primorosa, la fotografía de Javier Ruiz congela el tiempo y me recuerda a aquella primera crítica cinematográfica publicada en el diario “La Poste”, que hablaba sobre la perdurabilidad de la imagen.

antonioAntonio López.

Toda la literatura existente sobre Las meninas, expresada en diferentes tesis, desde Antonio Palomino -citado por alguno de los expertos- forma parte de la vorágine especulativa sobre un cuadro que, después de ver este magnífico documental acrecienta nuestro deseo de seguir investigando y creciendo en la obra “velazqueña”.

En suma, Andrés Sanz nos regala una lección de arte mediante el compendio audiovisual que recrea en esta historia sobre el enigma de una obra que nos devuelve la mirada a través de espejos que retan a participar de un relato verdaderamente ensoñador y casi detectivesco, en el que la música de Santiago Rapallo intensifica la magia de una pieza que funde las bellas artes con el cinematógrafo para alcanzar un sueño. Una película que crece en la magnífica utilización de la sombra que se une a las sombras chinescas, el origen: la imagen que perdura y que desafía al espectador. ¿Quién mira y quién es mirado? Con todo, El cuadro es un trabajo artístico verdaderamente sublime.

manu.jpgManuela Mena y Andrés Sanz.

Incierto futuro

mora.jpg

 

José Luis Mora desempeña un papel muy relevante en este universo del corto. Su Festival de cortometrajes “Cortos con Ñ” celebra ya su 10º aniversario. Gracias a su esfuerzo ha conseguido que La Escalera de Jacob, lugar donde se proyectan las películas, sea un punto de interés para los amantes del formato.

Mora también dirige, tanto teatro como cine. Ya conocía otros trabajos en corto como La crítica o Pesares y ahora presenta X27 (2019), una revelación y su obra más madura. El título es un guiño a la primera película de George Lucas, THX 1138 (1971) y es un drama que se desarrolla en un futuro ciertamente desolador, donde el androide X27 es interrogado por un incidente acaecido en la fábrica donde está destinado.

Estéticamente interesante, la buena fotografía de Luis Centurión amplifica la oscuridad de los personajes y del entorno donde se desarrolla una encerrona sumarísima con un cuestionario en el que subyace también -por desgracia- la violencia de género.

José Luis Mora, autor también del guion, cuida con esmero a sus protagonistas y consigue unos registros notables de Dunia Rodríguez (X27) y de Roberta Pasquinucci y Desirée Balbás.

X27 es un paso adelante en la trayectoria del cineasta getafense, con el que deja un discurso nada complaciente sobre el comportamiento del ser humano en el futuro.

Mirada

lucia.jpgLucía Varela.

David Varela es programador de películas para la Asociación de Cine Documental (DOCMA) y ha dirigido las tres últimas ediciones del Festival Internacional de Cine Documental DOCUMENTA MADRID.

Responsable de piezas como Historia monumental de la España Contemporánea (2013) o de Freedom to kill the other’s children (2016), ahora presenta Lucía en la noche (2019), en la que comparte instantes íntimos, desnudando su vida con las grabaciones de su hija de 4 años, que guarda en la memoria de su querido móvil y que rescata para construir un relato verdaderamente emotivo.

   Lucía en la noche es un fascinante trabajo que se centra en la mirada. Los ojos de Lucía Varela vertebran una cinta que adquiere intensidad cada vez que ella aparece en la pantalla.

atardecer.jpgLucía al atardecer.

La música de Jonay Armas, cuya presencia en este universo de los cortometrajes se hace cada vez más imprescindible, alienta emocionalmente una obra que es también una declaración de amor al séptimo arte, al hechizo que produce la forma en que narra y transmite historias y vivencias.

En suma, es una loa al poder de comunicación de un formato que, como ocurre en esta película, eleva lo cotidiano a categoría universal y artística. Varela filma con un tempo vibrante, fluido y muy dinámico donde se aprecia su sapiencia en un montaje que nos brinda momentos evocadores y muy difíciles de olvidar.

Con un tratamiento arriesgado el cineasta mima a Lucía, cuyos ojos hipnotizan a la cámara. La pieza, además, aporta un componente didáctico muy destacable, ya que expande la semilla del amor al cinematógrafo. Sin duda, hermosa manera de acercar el arte de los sueños a futuras generaciones.

Con todo, David Varela Álvarez firma una obra redonda, cercana, plena de amor y sensibilidad, en la que la mirada atrapa nuestra atención de inmediato.

 

MATEOREN AMA

Soledades

1Reencuentro

Ángel hace tiempo que no ve a su madre, por lo que le produce pavor verla y que no le reconozca. Un día decide ir a visitarla a la residencia donde está ingresada y ella, que padece Alzhéimer, no le reconoce.

Mateoren Ama (2019), dirigido por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga, está basado en un relato de Iban Zaldua y lo produce Moriarti. Se rodó en muy pocos días, mientras preparaban su nuevo largometraje La trinchera infinita (2019), y contiene los elementos que diferencian una trayectoria marcada por la calidad y por su implicación en el formato corto. No en vano, los directores han firmado algunas de las piezas más destacadas de la historia de este género autónomo, como Sintonía (2005) de Goenaga y Lucio (2007) de Arregi.

Después de la buena aceptación y de los galardones que recibieron Loreak (2014) y Handia (2017), ahora regresan a

2.jpgJuego de identidades.

este universo para afrontar un texto pleno de fantasía y también de misterio, temas ya tratados en las películas citadas.

La puesta en escena está muy cuidada, sobresaliendo la fotografía de Javi Agirre, muy sobria, que acentúa la belleza de las imágenes de un relato que contiene varios giros narrativos que acrecientan la inventiva de una pieza que habla, sobre todo, de soledades y que muestra momentos en los que la identidad es incierta e indescifrable.

La profesionalidad y calidad interpretativa de Íñigo Aranburu, Mariasu Pagoagaga, Itziar Aizpuru y Aitziber Garmendia facilitan la credibilidad de una historia que crece en intensidad y que se apoya en la maestría musical de Pascal Gaigne.

Mateoren Ama es un inquietante y evocador trabajo en el que los cineastas interpelan al espectador para que cierre esta aventura fantástica.

MADRID- ESTOCOLMO

1.jpgBuscando la luz de su destino.

Reencuentro

Madrid-Estocolmo (2019) de Antonio Ledesma y Carmen Kaltchev forma parte del catálogo “FilmNow” que la ECAM dedica a los mejores trabajos de las escuelas de cine y universidades. Igualmente, ha sido seleccionado para el catálogo “Curts 2019” de la Comunidad Valenciana.

Desde luego, un comienzo prometedor para la historia del reencuentro entre dos amigas que mantuvieron una relación y que ahora el azar permite comprobar si queda algún rescoldo de aquel fuego emocional.

Sus miradas se cruzan en una fiesta nocturna y acto seguido ambas gritan desaforadamente sobre un puente, buscando quizá un ejercicio de catarsis que muestre la realidad de su relación.

De Antonio Ledesma conocía la inquietante La hora del té (2015). Ahora, junto a Carmen Kaltchev deja una pieza ciertamente brillante y con una potencia visual que hay que agradecer a Iván Pinilla.

Es también la aventura sensitiva de una mujer que insiste en un sueño tal vez irrealizable. Ella, una magistral Carla Chaves, se aferra a la relación que un día perdió, como deja claro en la escena de la moto.

Como he señalado, la cinta define un imaginario visual muy hermoso: las dos sentadas mirando el cielo inmenso de la noche iluminado por la luna llena, que asiste como invitada a este momento cumbre.

Con todo, Ledesma y Kaltchev realizan un trabajo vibrante y cautivador, que habla de realidades que se adueñan de los sueños y que también se adentra en las oportunidades que el ser humano dejar escapar.

De la misma manera, reflexionan sobre la libertad para asumir la propia sexualidad y de la valentía necesaria para obviar las normas preestablecidas y comúnmente aceptadas por la sociedad.

Madrid-Estocolmo es, sin ninguna duda, un trabajo que dará que hablar y para bien: lo merece.

DONDE NOS LLEVE EL VIENTO

1.pngDoussou Mariam.

Búsqueda

La productora MakingDoc mantiene desde hace años una trayectoria que privilegia el documental de carácter social. Juan Antonio Moreno Amador y Silvia Venegas, sus fundadores, alternan labores de dirección y producción, aunque en Boxing for freedom (2013) codirigen el documental.

Mi tocayo Juan Antonio realiza Palabras de caramelo (2016), pieza fundamental que muestra una historia de superación personal y que ha cosechado numerosos reconocimientos, y Silvia Venegas hace lo propio en Nuestra vida como niños refugiados en Europa (2018).

Ahora, Moreno Amador presenta Donde nos lleve el viento (2019), que narra la historia de Doussou Mariam, una mujer de Costa de Marfil que llega a Europa en la primera patera íntegramente ocupada por mujeres.

En la oscuridad de la noche, donde el perfil negro de su cara se pierde en el horizonte, la protagonista cuenta voz en off a su hijo non nato la historia de su vida: “todo va a ir bien, todavía no hemos llegado a nuestro destino”, le susurra desde Melilla, su primera parada.

Esta superviviente guarda en su vientre el Tesoro -así se llamará su hijo- de su existencia. Ese vientre materno que da la vida y que inmortalizó el gran Miguel Hernández:

“Menos tu vientre, todo es confuso.

Menos tu vientre, todo es futuro fugaz,

Pasado baldío, turbio.

Menos tu vientre, todo es oculto”.

Donde nos lleve el viento es una obra muy personal de Moreno, es un relato íntimo de una luchadora que defiende su dignidad y que busca un lugar que cambie el signo de su vida. Es Navidad y el cineasta exhibe imágenes de los Reyes Magos en color a las que opone otras, en blanco y negro, en las que observamos la lucha de los inmigrantes en las alambradas, intentando escapar del asedio policial.

El tratamiento fotográfico de Moreno Amador deja instantes emotivos y cercanos, como ocurre durante el nacimiento del bebé, cuando Mariam, adusta e imperturbable, le mira reconfortada.

El documental mantiene un halo poético a pesar de la oscuridad que retrata, esa noche que esconde el infierno de unas aventureras que se aferran a la supervivencia.

Estéticamente brillante, acoge un universo de silencios donde el montaje del propio director y de su habitual colaborador Nacho Ruiz Capillas propone momentos evocadores.

En suma, Donde nos lleve el viento es un paso adelante en la carrera de Juan Antonio Moreno Amador, que fija el retrato de una mujer independiente pero vapuleada, que llega al mundo soñado (Europa) desde otro empobrecido. Es el final de una historia y el comienzo de otra, tramo que separa la vida de la muerte.